LORENZA (cortés).—¡Muy buenos, amigas mías...! ¡A ver si me dejáis en paz...! Estoy a punto de sorprender el secreto del «modelado fino».

TERESA.—¿Te divierte pintar así?

LORENZA.—¡Mucho...! ¡No hago mas que pensar en el modelo desde por la mañana hasta la noche!

INÉS.—¿Qué te parece, Cornu...? ¡Vaya satisfacción para ti...!

RAQUEL.—¡Me siento holgazana, hijas mías...! (Se despereza.)

JULIETA.—¿Estuviste también de juerguecita...?

RAQUEL.—¡Estuve bailando con los norteamericanos hasta las dos de la madrugada...! No sé dónde tengo las piernas... ¡Y este endiablado estudio apenas está empezado...!

ELSA.—¡A mí me da miedo pensar que tengo que cubrir de color este lienzo...! Lo único que me interesa de todo esto son los calzoncillos, porque es lo más fácil de hacer. Lo demás tiene muchos músculos. Prefiero las mujeres, porque tienen menos músculos.

JUANA.—Pues yo prefiero los hombres; cuando se ha dado con el quid de los músculos todo marcha como una seda.

ÁGATA (a Juana).—¿Quién te ha hecho este vestido, chica...? ¿Armal y Martian...?