LEONIE (orgulloso).—¡Oh! Tengo mis títulos académicos, aunque maldito si me sirven de algo.
CIRILO.—Una mujer no debe sentir nunca ser instruida, cuando es bonita.
LEONIE.—¡Indudablemente...! ¡Pero es preferible que sea bonita...!
LA SIRVIENTA (entrando sin llamar).—¡Leo..! La señora pregunta si podrás salir de paseo a las seis.
LEONIE.—¡Bah! ¡Ya ves que tengo aquí a mi ahijado...! Que mande a Carmen, o a Irma.
LA SIRVIENTA.—¡Es que el general quiere que seas tú...!
LEONIE.—¡Pues contéstale que he salido y déjanos en paz...!
Este breve coloquio sume a Cirilo en una estupefacción inquieta. La sirvienta sale.
CIRILO.—¿Tiene usted mucho trabajo?
LEONIE.—Ahora hay algo menos que hacer, a causa de la marcha de los norteamericanos. Dentro de poco no nos quedará mas que la clientela ordinaria...