Leonie lleva a Cirilo hasta el recibimiento; apenas cerrada la puerta, aparece la sirvienta.
LEONIE.—¿Qué quieres...?
LA SIRVIENTA.—Es lo de siempre... El general, que está colgado del teléfono... Pregunta por cuarta vez si volviste a casa... El pobrecito pierde la paciencia. ¿Qué se contesta...?
LEONIE.—¡Que ya voy...! ¡Maldito rufián...!
LA SIRVIENTA.—¿Se marchó tu ahijado...? ¿Y sin tomar nada...?
LEONIE.—¡No! ¡Figúrate...! ¡Es una aventura extraordinaria! ¿Conoces la historia de Thais?
LA SIRVIENTA.—¡He leído algo de eso...! ¿No es un cura de antaño, que va a casa de una muchacha alegre para convertirla...?
LEONIE.—¡Justo...! Pues bien, amiga mía; acaba de sucederme lo mismo...
LA SIRVIENTA.—Entonces... ¿te metes en un convento...?
LEONIE.—¡Por ahora no! Voy a ver al general... ¡A escape...! ¡Mi sombrero...!