JULIA.—Pues tiene usted muy buena vista, porque debo confesarle que no he acudido a ninguna Exposición.

DORA.—¡Qué aturdida soy...! Yo he visto trabajos de usted en otra parte... En casa de Chose..., o de Machin...

JULIA (complaciente).—¡Apuesto a que ha sido en la calle de San Honorato...!

DORA.—¡Eso es! ¡Qué cosa tan bonita, Dios mío...!

JULIA.—Gracias por sus plácemes; los adoro cuando son sinceros.

DORA.—¡Además había oído hablar de usted...!

JULIA.—¡Ah! ¿Quiere decirme a quién...?

DORA.—A una amiga que desea permanecer desconocida.

JULIA (burlona).—¡Lo adivino! Una amiga anónima, ¿verdad?

DORA.—¡Algo parecido!