DORA.—¿Qué diferencia establece usted entre el amante y el amigo?

JULIA.—Para nosotras, el amigo es el amante legítimo, es lo que representa en nuestra clase al esposo, al caballero de confianza. Después de todo, los mejores maridos para ustedes se fabrican con nuestros amigos.

DORA.—¡Comprendido! ¡Ustedes son, como quien dice, una escuela de aplicación...!

JULIA.—¡Ay, sí...! Y no ignoramos que formamos discípulos para bien de las mujeres honradas, que nos detestan. Nuestra única venganza consiste en pensar que con el tiempo nos casaremos con los maridos divorciados de nuestras rivales.

DORA (furiosa).—¡Pero yo no quiero que suceda eso!

JULIA.—¡No lo digo por usted, señorita! Confío en que sabrá usted defender su tesoro.

DORA.—No deseo otra cosa; pero reconozco toda mi inferioridad...

JULIA.—¿Qué entiende usted por eso...?

DORA.—¡Es difícil de explicar! Hay una ciencia del amor, que se hace muy mal en no enseñar a las jóvenes. De esta suerte, las tales llegan al matrimonio sin conocer los refinamientos que agradan a su compañero.

JULIA (riendo).—No va usted a hacerme creer que las jovencitas de hoy estén tan poco enteradas de estas cosas. He oído confidencias de caballeros que me enseñaron bastante acerca de la inocencia de las señoritas de la buena sociedad. ¡Muchas de estas mosquitas muertas podrían darnos lecciones!