CHABREGY.—¡Yo...! ¡Yo no soy casado...!

LA SEÑORA JOZIELLE (severa).—¿De modo, caballero, que la señora Chabregy que usted me presentó era su querida...?

CHABREGY.—¡No...! ¡Es mi madre...!

LA SEÑORA JOZIELLE (alegre).—¡Oh! ¡Entonces es otra cosa...! ¡Usted puede casarse con su víctima...!

CHABREGY (estupefacto).—¿Quiere usted que me case...?

LA SEÑORA JOZIELLE (sin rodeos).—¡No discuta usted...! Se trata de una joven exquisita, que le ama y que tiene doscientos mil francos de dote... ¡Los padres exigen que usted repare su falta...!

CHABREGY (afligido).—¡Pero si yo no quiero casarme...! ¡Yo no quiero casarme...!

LA SEÑORA JOZIELLE.—¡Oh! ¡No discuta usted...! ¡No tiene derecho a elegir...! ¡O se casa o, de lo contrario, vendrá el Consejo de disciplina y la expulsión...!

CHABREGY.—¡Es usted cruel...! ¡Yo no amo a esa chiquilla...!

LA SEÑORA JOZIELLE.—¡Peor para usted...! ¡No quiero que haya escándalos en mi Liceo...! ¡Se casará usted...! ¡Se lo exijo...!