CHABREGY (lamentable).—¡Puesto que no queda otro remedio...! ¡Haré lo que usted quiera...!
LA SEÑORA JOZIELLE.—¡Gracias a Dios...! Voy a dar una buena respuesta a esa joven madre...
CHABREGY.—¡Désela usted...! Pero, si quiere conocer mi opinión, he aquí un matrimonio que no será dichoso... (Saluda y se va.)
II
CURSO DE DECLAMACION
La señorita Jessy Loudon se ha metido en la avenida Frochot; busca un pabellón, que le ha indicado la portera; llega ante uno de hermoso aspecto cuya puerta de entrada adórnase con una placa de cobre que tiene estas palabras: ANTHIME TALMA, CURSO DE DICCIÓN. Llama; una criadita de repertorio abre la puerta e introduce a la visitante en un amplio estudio adornado con grabados antiguos. En el fondo, una especie de escenario; a la derecha, un diván, tumba de la virtud de las mujeres; a la izquierda, una mesita de te, sin te, y unas sillas. (Mise en scène de la Comedia Francesa.) La señorita Jessy se sienta junto a la mesita de te. Es una joven morena, estilo Otero, de buenas carnes y bellamente ataviada con un vestido que, bastante corto según nuestro gusto, muestra un arranque de piernas espléndidas y descubre un nacimiento de pecho impresionante. ¡Un nacimiento es siempre bendito! Mientras la criadita se retira, Jessy contempla los grabados antiguos, que recuerdan a los grandes artistas, orgullo de nuestro Teatro: Lekain, Potier, los Lepeintre—el joven y el mayor—, Beauvallet, la señorita Mars, la señorita George—esta cocinera heroica—, Rachel, Desclée, el famoso Grassot—inventor de un ponche—, Arnal y Vernet, en sus papeles más célebres. Las obras desaparecieron; pero la efigie de los actores permanece. Jessy contempla a estos antepasados, mientras pasa su mano, distraída, por una banda de perlas, que vale cien mil francos. ¡Hermoso número...! Entra el maestro; es Anthime Talma, el comediante más notable de nuestra tercera República. Pertenece a esa fuerte raza de cómicos que, no habiendo podido triunfar en escena, abrazaron el estado de profesor y prosperaron en él enseñando las reglas de un arte que ellos no supieron aplicar nunca. Talma es un eterno galán joven, que tiene cuarenta y cinco años y representa cincuenta. Cabeza pelada, con las arrugas de la vejez a lo largo de la nariz; frente genial de imbécil y ojos apagados; porte exquisitamente correcto.
TALMA (saludando).—¡Señorita! ¿A quién tengo el gusto...?
JESSY (levantándose).—Soy la señorita Jessy Loudon; me envía a usted la señorita Marjorie Daw, su discípula...