ELOY.—¡Yo picarón...! ¡Usted tiene ganas de broma...! ¡Aborrezco el amor, así se trate del conyugal...!
EL JUEZ.—¡Usted oculta sus intenciones, mi querido diputado!
ELOY.—Le repito que soy víctima de una maquinación. La culpa de todo esto la tiene la Proporcional.
EL JUEZ.—No comprendo cómo la Reforma electoral le ha impulsado a llevar a una menor a una casa de citas.
ELOY.—Porque usted no conoce la perfidia de los competidores. Voy a desenvolver ante usted toda la canallada de mis adversarios. ¡Podría hacerse con ella una película...!
EL JUEZ (resignado).—Está usted aquí para defenderse y yo le escucho con paciencia.
ELOY.—Mi historia será breve. En el Bajo Saona soy el campeón de las ideas avanzadas; los republicanos cuentan siempre conmigo; recibí proposiciones de Fumeux. ¿No lo conoce usted?
EL JUEZ.—No.
ELOY.—Es el boticario de Bizons-les-Dames, un agente de la reacción, a quien derroté en las elecciones de mil novecientos catorce. Este me dijo: «Genvrain: ¿quiere usted figurar conmigo en la lista de candidatos? La Acción Francesa le apoyará; saldrá usted con dos conservadores, que se disfrazarán de moderados; yo y Chaulard, el liquidador, corremos con los gastos...» ¿Qué hubiera hecho usted en mi lugar...?
EL JUEZ (cándido).—Hubiese aceptado.