ELOY.—¿Se convence usted?

EL JUEZ.—Se echará tierra a este asunto; pero con una condición.

ELOY.—¡Aceptada...!

EL JUEZ.—En estos últimos tiempos, usted ha votado de una manera que ha contrariado al presidente del Consejo; usted, que era el más firme apoyo del Gobierno, ha cedido a las peores sugestiones de la oposición.

ELOY.—¿Lo sabe usted...?

EL JUEZ.—¡Ay, querido diputado! La justicia no es tan ciega como se dice.

ELOY.—¡Ya me doy cuenta...!

EL JUEZ.—No tengo que darle ningún consejo. Usted es demasiado listo para no comprender que su suerte está en sus propias manos. ¡Vuelva, pues, a su casa, caballero...! Arreglaremos este asunto. Y en lo sucesivo desconfíe del chantage, plaga de nuestra época...