III
CURSO DE EURITMIA
La señora Bouzine ha llevado a su hija única, Lea, al curso de Euritmia dirigido por la célebre Terpsy, profesora de bellas actitudes. El curso Terpsy está situado en esa región montañosa que ya no es precisamente París y que tampoco es todavía Montmartre; calle Blanca; un amplio estudio, situado en el séptimo piso; no hay ascensor. La señora Bouzine, que es morena, bastante gruesa, de rasgos acentuados y de aspecto imponente, jadea al subir la escalera. Lea la sigue más alegremente; es una muchachita de diez y ocho años, morena, como su madre; anuncia predisposición para la obesidad. Por ahora no es más que rechoncha, pequeñita, de buenas carnes y con unas pantorrillas que los señores se vuelven a contemplar cuando va por la calle. Lea se parece desagradablemente a su madre. Llegan por fin al último piso, ante una puerta detrás de la cual déjase oír una vaga música; la señora Bouzine recobra el aliento, y luego llama. Una criada, bastante sucia, introduce a las visitantes en un saloncito poco amueblado y cuyo moderno estilo disimula mal la pobreza.
LA CRIADA.—¡Tengan la bondad de esperar, señoras...! Pronto llegará el entreacto. ¡La señorita Terpsy no tardará...! (Vase.)
LEA.—Oye, mamá... ¿Por qué no nos marchamos...? ¡Volveríamos otro día...!
LA SEÑORA BOUZINE.—¿Tienes ganas de broma...? ¡Yo no he subido siete pisos para nada...! Además, hay que obedecer los consejos de tu tío. «Esta pequeña engorda demasiado... ¡Necesita hacer ejercicio...!» ¿Quieres engordar...? ¿Sí o no...?
LEA.—¡Me da lo mismo...!
LA SEÑORA BOUZINE.—¿Estás en tu juicio...? ¿Y cuando no puedas casarte...? ¡Buena la habrás hecho!
LEA.—¡Bah! ¡Es que todavía puedo...!