TERPSY (manda).—¡Los tirsos...! ¡Interpretemos las Bacantes...! ¡Según el dibujo número 315, copa del museo de Pompeya...! (A la orquesta.) ¡El agitato de la suite en mi...!
Y de súbito, golpeando a un Baco imaginario, las jóvenes se precipitan. Terpsy, con los crótalos en las manos, rima la danza, cuyos pasos son cada vez más rápidos; todo esto acaba en un furioso torbellino. La señora Bouzine y su hija están estupefactas y piensan:
—«¡Imposible...! ¡Nos encontramos entre los dingos...!»
TERPSY (a Lea).—¿Qué le parece a usted, hija mía...?
LEA.—¡Oh! ¡Cuando yo refiera esto a mis compañeras de pensión van a sudar de firme...! ¡Me explico que se pierda grasa con este ejercicio...!
TERPSY.—¡Espere...! Tenemos el treno para descansar. (A sus discípulas.) ¡Señoras...! ¡El peplo..., los velos negros..., las palmas...! ¡Usted llevará la urna, señorita Punas...! Dibujo 215, según el vaso fúnebre del Louvre... (A la orquesta.) ¡La marcha Sulla morte d'un héroe...!
Las damas forman una procesión detrás de la señorita Punas; avanzan con lento paso, dando muestras del más profundo dolor.
LA SEÑORA BOUZINE (encantada).—¡Mira, Lea...! ¡Qué hermoso...!
LEA (burlona).—¡Sí...! ¡Aquí estamos más contentas que ahí enfrente...!
Y la jornada continúa de esta manera. A cosa de las seis, el profesor Gilberto Tassouin, antiguo buen mozo, muy grave, se presenta; asiste al final de la sesión sin decir una palabra. La señora Bouzine está inquieta.