GILBERTO (amargado).—¡Menos gano yo y soy médico de los hospitales...!

TERPSY (riendo).—¡Caramba! ¡Tú no puedes recibir a los enfermos mas que de uno en uno, y yo los recibo a montones...! Tengo diez por la mañana y veinticinco por la tarde. Voy a ampliar el negocio y a tomar un hotel... ¡Y te aseguro que haré una propaganda monstruosa!

GILBERTO.—Y... ¿cómo aprendiste los preceptos de tu arte...?

TERPSY.—¿Yo...? ¡Yo no aprendí nada...! Entre La Tharillière y yo inventamos todo esto. Compramos cuatro grabados antiguos, y ¡cuánto nos divertimos confeccionando las danzas arcaicas...! ¡Pobre viejo...!

GILBERTO (conmovido).—¡Melania mía...! (Le coge la mano.) Estoy turbadísimo... Te encuentro más bella que nunca..., más mujer..., más...

TERPSY (retirando su mano).—¡Sí...! ¡Tus ojos se nublan...! ¡Ya sé lo que significa esto...! ¡Nada..., nada...! ¡Aquello se acabó...!

GILBERTO.—Entonces, ¿me echas...?

TERPSY.—¡Quia...! Estoy encantada de tenerte y te guardo conmigo. ¡Te hago un contrato...!

GILBERTO (asombrado).—¿Eh...?

TERPSY.—Precisamente estaba buscando un médico..., un médico de fama..., para que figurara en mi establecimiento... ¡Necesito un nombre conocido! ¡Tú no puedes negármelo...! Te daré un sueldo de cuatro mil francos mensuales... ¡Esto te entretendrá una media hora por día...! Y yo pongo en mis prospectos: «Dirección médica: Profesor Gilberto Tassouin». ¡Esto es importante...! ¿Quieres...?