GILBERTO.—Acepto; pero por nada, ¿me entiendes? Por nada...
TERPSY (resignada).—¡Comprendido...! «Por nada» quiere decir «por mí», ¿no es eso...? En fin, si ese es tu gusto... ¡Removeremos las cenizas...!
GILBERTO.—¡Querida mía...! (Va a ceñirle la cintura.)
TERPSY.—¡Un momento...! ¡Voy a avisar a la orquesta...! (En el acústico.) ¡Toquen ustedes el Concerto de Schumann...! (Volviendo.) Ahora..., ¡a tu disposición...!
IV
CURSO DE NATACION
La señora Grelou entra en el establecimiento del doctor Sinclar; enseña su tarjeta de abono y permanece algunos minutos en una cabina; esta mujer es todavía deseable, aunque disimula sus cuarenta y cinco primaveras. Las piernas de la señora Grelou son famosas por su contorno. Unicamente el rostro acusa cierto cansancio, por haber estado expuesto durante un cuarto de siglo a la admiración de los hombres y al menosprecio de las mujeres. Los ojos, azules, muy tiernos, tienen lo que llaman los poetas «pata de gallo». Sus cabellos, que eran naturalmente rubios, siguen siendo rubios, aunque menos naturalmente. Su epidermis no tiene ya el brillo de hace diez años y va adquiriendo un matiz harinoso. En una palabra, la señora Grelou es una antigua rubia; sin embargo, su línea es siempre elegante y su porte bastante juvenil. Esta dama ha venido a la piscina Sinclar (baño mixto, para uso de los parisienses y de las parisienses de la mejor sociedad) sin la menor intención de bañarse. Sería imprudente para ella arriesgar una zambullida en público; hase puesto como pretexto un traje de baño azul obscuro, un gorrito lorenés de satén impermeabilizado y unas sandalias gris perla; un peinador de baño, salpicado de dibujitos amarillos y azules, completa su atavío de bañista jubilada. Llega hasta la piscina.
Es un estanque cuadrado, bastante amplio, rodeado de una columnata dórica. En el agua, cuatro o cinco personas de uno u otro sexo retozan bajo la vigilancia de cuatro maestros nadadores, que están pensando en otra cosa; al pie de la columnata hay una profusión de mesitas de te, rodeadas de bañistas, con trajes de baño y con peinadores, que se han guardado muy bien de remojarse. La señora Grelou es detenida, al pasar, por cuatro náyades, entre los treinta y cinco y los cincuenta años, que toman el te.