FRAICHEROSE.—¡Ay, amor mío...! ¡Qué cosa tan hermosa es ésta...! El agua fría... como una serpiente.

RAÚL.—¿Y la reacción...?

FRAICHEROSE.—¡Excelente...! ¡La Reacción Francesa...! Siento calor por dentro y frío por fuera... ¡Mira...! ¡Tienta...! (Ella le alarga su brazo desnudo.)

RAÚL (palpando).—Sí...! ¡Ten cuidado...! ¡Nos espían...!

FRAICHEROSE.—¿Qué dices...? Supongo que no te avergonzarás de mí...

RAÚL (protestando).—Pero ¿qué estás hablando ahí...? Soy prudente por ti, a causa de Blucher...

FRAICHEROSE.—¿A causa de mi amante...? ¡Bah! ¡Ya sabe a qué atenerse...! Todas las mañanas recibe varios anónimos. ¡Y figúrate si estará enterado...! Además le he confesado que tú eras el amado de mi corazón...

RAÚL.—¡Ah...! ¿Y qué te ha contestado...?

FRAICHEROSE.—Cosas muy bien dichas: «Podías haber elegido a alguno peor, querida mía...» ¿Eh...? ¡Es muy chic...! ¡Es Luis XV puro...!

RAÚL.—¡Es muy mortificante para mí... y para ti...!