FRAICHEROSE.—¡Bah! ¡Qué bobo eres...! ¡Este hombre será tu amigo íntimo antes de ocho días...!
RAÚL (amargamente).—¡Sí...! ¡Cuando nos hospedemos en la misma posada, bajo la misma muestra...!
FRAICHEROSE.—¿Bajo qué muestra...?
RAÚL.—«¡A los cornudos complacientes...! ¡Se admiten huéspedes a pie y a caballo...!»
FRAICHEROSE.—¡Bah! ¡Esas son frases...! ¡Todo el mundo es cornudo...! ¡Mi padre lo era y el Emperador también...! ¡Oh...! ¡El te con mandarina es una delicia...! (Bebe.)
RAÚL (sin transición).—¿Te acompaño...?
FRAICHEROSE (indiferente).—No, amor mío; esta noche, no. ¡Viene Blucher...!
RAÚL (devorado por los celos).—¡Falso...! ¡Blucher no va...! ¡Está en Versalles...!
FRAICHEROSE.—Yo, vida mía, no puedo evitar que sufras; no hago nada para que padezcas... Eres el amado de mi corazón, ¿y no te basta...? En tu oficio no se sufre, porque se sufre todo...
RAÚL (constreñido).—¡Estás un poco fuerte...!