LA SEÑORA GRELOU (en voz baja).—¿Por qué no fuiste ayer, Raúl...?

RAÚL.—¡Tuve que hacer...!

LA SEÑORA GRELOU.—Te esperé durante tres horas. ¡Oh...! ¡Qué malo eres...! ¡Qué malo...!

RAÚL (en voz baja).—¡Por favor...! Ten cuidado... Nos están mirando... ¡Sonríe, mujer, sonríe...!

LA SEÑORA GRELOU.—¡No puedo más...! ¡Te estuve acechando allí, a tu lado, mientras flirteabas con aquella zorra...!

RAÚL.—¡Yo...! ¡Flirtear yo con Fraicherose...! ¡Con la amiga de mi amigo Blucher...! ¿Por quién me tomas tú...?

LA SEÑORA GRELOU.—¡Te la comías con los ojos...! Y yo no quiero, ¿lo oyes...? No quiero...

RAÚL.—Apretemos el paso, porque de lo contrario la gente verá que estamos de cuestión...

LA SEÑORA GRELOU.—¡Es atroz...! ¡Cuánto me haces sufrir...! ¡Ya no me amas...! ¡Confiésamelo...! ¡Es más leal...!

RAÚL (cansado).—¡Por lo que más quieras...! No. ¡Que llores en público! Será un escándalo...