CHADD.—Va usted a explicárselo todo. Mi profesión es la de artista, la de bailarina; pero esto no es mas que la fachada. En realidad, yo soy una... «mujer alegre». ¿Hay algún mal en ello...?

CÉSAR.—¡Santo Dios...! ¡Yo, personalmente, no veo que haya ningún inconveniente...!

CHADD.—Tengo una buena clientela en el ejército inglés y entre los norteamericanos. Pero estos tipos no hablan francés. ¡Esto es muy molesto...! Para entrar en materia, es muy sencillo: basta una pantomima; pero cuando se trata de fijar las condiciones, ya es muy distinto. Por ejemplo: yo no sé cómo se dice «un regalito»...

CÉSAR.—«A little gift».

CHADD.—¡Bueno! Póngame eso por escrito, con la pronunciación...

CÉSAR (abre su cartera, saca una hoja de papel y escribe).—¡Ahí lo tiene...!

CHADD (que ha leído por encima del hombro).—¡Muy bien! Siga usted escribiendo: «Me gustas mucho», «Necesito veinticinco luises para mi costurera», «Tengo gana de ese sombrero tan bonito», «Querría un hermoso diamante para el día de mi santo», «Tengo sentimientos religiosos»... ¡Esto es muy importante...! «Soy de buena familia», «No sea usted brutal», «Hoy es imposible; pero dentro de tres días seré suya», «Esta noche tengo mucho apetito»... Y luego: «Siento mucha sed»... Y después: «Págueme el coche»... A continuación: «¡Qué bien sabes besar...!» «¡Cochinillo mío...!» «¡Nunca me quisieron así...!»

CÉSAR (escribiendo).—¿Podrá usted acordarse de todo esto...?

CHADD.—¡Ya lo verá usted...! ¡Cuando yo me propongo alguna cosa...! Además, me ensayaré con usted... ¡Nos veremos muchas veces...!

CÉSAR.—Tiene usted pagadas por adelantado veinte lecciones.