CHADD.—¿Ha ido usted con frecuencia a casa de señoras solas...?

CÉSAR.—¡Muy a menudo...! ¡Por lo general, suelen hacerme las mismas preguntas que usted!

CHADD.—¡Claro! ¡Hay que comprenderlo...! Una mujer que habla inglés se hace en seguida con un grupito de amigos, que se la recomiendan unos a otros... ¡Ah! ¡Se me olvidaba...! «¡Ponte a tu gusto!»...

CÉSAR (asombrado).—¿Qué dice usted...?

CHADD.—¡Es una frase esencial...!

CÉSAR.—¡Ah...! ¡Bueno...! (Torna a escribir.)

CHADD.—«¡Acuérdate de la criada!»... Y además: «Vuelve a verme»... Y póngame también los días de la semana y las horas....

CÉSAR.—¡Aguarde un momento...! (Silencio. Trabaja.) Tome usted...

CHADD.—¡Oh! ¡Ya está...! ¡Va a ser un exitazo...! ¡Me da lo mismo! ¡Cómo van a rabiar mis compañeras cuando me oigan hablar inglés...! ¿Va usted muchas veces al «Rey Dagoberto»?

CÉSAR.—¿Al establecimiento de baile? ¡No...!