CHADD.—¡Bah! ¡Aunque lo fuera usted, no había de confesármelo...!
CÉSAR.—¿Por qué...? Un novio no es ridículo. Lo ridículo es un marido, o un amante engañado...
CHADD.—¡Yo he conocido a muchos novios y nunca se atrevían a decírmelo...!
CÉSAR.—Le aseguro que carezco de medios para casarme o para tener una amiguita.
CHADD.—Entonces... ¿qué hace usted...?
CÉSAR (avergonzado).—Trabajo.
CHADD (insistiendo).—¡Bueno...! ¡El trabajo es muy bonito; pero hay momentos en que no reemplaza a una linda epidermis fresca, a unos labios, a... ¡Bueno! Va usted a ser la causa de que diga más de cuatro tonterías... Cuenta usted veintidós años... Sabe usted decir «te amo» en cinco idiomas. ¡Y no se lo dice usted a nadie...!
CÉSAR.—No tengo a nadie que me escuche.
CHADD.—¿Buscó usted...?
CÉSAR.—No he tenido tiempo... Además, yo no me contentaría con la primera que se presentara...