CHADD (burlona).—¿Tiene usted el gusto difícil?
CÉSAR.—Sé de sobra que no tengo derecho a ser así. Soy un jovenzuelo sin importancia. Como hermoso, dejo bastante que desear.
CHADD.—Verdad que no es usted bonito. Pero tampoco es usted feo. Es usted pasadero.
CÉSAR (ingenuo).—¿De veras...?
CHADD.—Hay hombres mucho más desagradables que usted y que causan grandes pasiones.
CHADD.—¡Vamos a ver...! ¡Usted me interesa...! ¡Es preciso que le encuentre una mujer...!
CÉSAR.—Nos alejamos un poco de la lección.
CHADD.—¡Bah! ¡La lección...! ¡Nos quedan todavía diez y nueve...!
CÉSAR.—En este momento yo soy el discípulo y no el profesor.