ERNESTO (severo).—¡Chupin...! ¿Dónde está mi antiguo Rouen...?
CHUPIN (que se ha esforzado por quedarse junto a la puerta).—¿Qué estás diciendo...?
ERNESTO.—En primer lugar, te prohibo que me tutees...
CHUPIN (pronto a llorar).—... ¡Soy tu hermano de leche...! ¡Yo te eduqué... cuando murió tu pobre padre...!
ERNESTO (excitado).—¡Sí..., sí...! ¡Ya conozco tu historia...!
CHUPIN (vertiendo lágrimas).—El pobre hombre me dijo: «Chupin: eres hermano de leche de mi hijo. ¡No puedo reconocerlo...! ¡No tiene padre...! ¡Tú no lo abandonarás nunca...! ¡Júramelo...!» ¡Y se lo juré...!
ERNESTO (furioso).—¡Basta...! ¡Hace veinte años que te soporto...! ¿Dónde está mi antiguo Rouen...?
CHUPIN (enjugándose las lágrimas con la manga).—¡No lo sé...!
ERNESTO.—¿Lo has roto...?
CHUPIN.—¡Se cayó él solo! (Cándido.) Anoche debiste venir borracho...