EL SEÑOR FROMENT.—¡Ay! He perdido tres fortunas: he devorado en el Círculo, además de mis bienes, la herencia de dos tíos...

ERNESTO.—¡Caramba...! ¡No está mal...! ¿Y de qué Círculo era usted?

EL SEÑOR FROMENT (sencillo).—¡Del Jockey!

ERNESTO (asombrado).—¿Eh? ¡De manera que usted, señor Froment, era del Jockey...?

EL SEÑOR FROMENT (vacilante).—¡Es que... Froment no es mi nombre patronímico...!

ERNESTO.—¿Qué me cuenta usted...?

EL SEÑOR FROMENT (solemne).—¡Yo me llamo Melchor de Honnemoy de Esketua, último duque de este nombre...!

ERNESTO (estupefacto).—¿Usted era duque...?

EL SEÑOR FROMENT.—¡Y lo sigo siendo! Los de Esketua son los representantes más antiguos de la magnífica nobleza vasca, que se cubrió de gloria al lado de los bearneses, a los que, por otra parte, detestaba. Sin embargo, comprenderá usted que para dar lecciones de bridge y de poker tuve que mandar a paseo el ducado.

ERNESTO.—¿De manera que usted se arruinó en el juego?