LA CHOUTE (disgustada).—¡Eres muy atento...! Pero, ya que me has visto, vete...

BEAUVALLON.—¡Qué desabrida eres...! ¡Así recibes a tu antiguo compañero, a tu interlocutor en «La Caja Fauré»...!

LA CHOUTE.—¡No tengo tiempo de charlar, amigo mío...! ¡Vuelve más tarde, a las seis, cuando esté cerrada la tienda...!

BEAUVALLON.—¡Jamás...! Primeramente, cualquiera sabe dónde estaré yo a las seis...! Tú, La Choute, no te portaste bien... Cuando abandonaste el Conservatorio, en el pasado año, no nos dijiste tu dirección. Te busqué por todas partes, ¿lo sabes...?

LA CHOUTE (divertida).—¿Es posible...?

BEAUVALLON.—¡De veras! Sentía alguna ternura por ti. Habíamos dormido juntos, y esto siempre crea ciertos lazos...

LA CHOUTE.—¡Oh! ¡Lo que es tú...! ¡Duermes con todo el mundo...!

BEAUVALLON.—¡Es verdad...! Pero a ti estuve a punto de amarte...! ¡Nada de guasa...! ¡Cuando desapareciste sentí algo parecido a un disgusto...! En primer lugar, tú eras más linda y más joven que las otras... Tenías solamente veintitrés años...

LA CHOUTE.—¡Veintidós...!

BEAUVALLON.—Poseías los cabellos rubios más hermosos del mundo...