Introduce a Beauvallon en uno de los exiguos compartimientos, y corre las cortinillas de entrada. Aparece una dama muy elegante y bastante linda, con un rostro armónico, un poco cansado; es de las que adelgazan con la edad.
LA DAMA.—¿La señora Ninon de Lenclos...?
LA CHOUTE.—¡Yo soy, señora...!
LA DAMA (asombrada).—¡Pero... usted parece muy joven, señora...!
LA CHOUTE (grave).—¿Qué edad cree usted que tengo?
LA DAMA.—¡Bah! ¡Lo más, veinticinco años...!
LA CHOUTE.—¡Muchas gracias...! ¡Tengo cincuenta y cinco!
LA DAMA (estupefacta).—¡Imposible...!
LA CHOUTE (sacando un papel de un cajón).—¡Aquí está mi partida de nacimiento...! Enriqueta Brezaillon, nacida en mil ochocientos sesenta y cuatro.
LA DAMA.—¡Pues se conserva usted admirablemente!