LUCRECIA

¿Vos no sabéis la historia de la Tabla Redonda?

RICARDO

El rey Artús era mi abuelo.

LUCRECIA

Aún me parece a mí poco linaje el vuestro. No vayáis a Tierra Santa, pero traedme la copa donde bebió Nuestro Señor en su última cena. Está tallada en una piedra que saltó de la diadema del demonio. Guardóla el rey Titurel de Anjous con unos bravos caballeros, y otro caído en liviandades la perdió. Rescatóla el príncipe Parcival, padre del caballero Lanzarote del Lago. Ricardo, la noche de nuestras bodas, quiero que bebamos licor de la vida en ese cáliz. Ricardo, id al Monsalvato y traedme al Santo Grial.

RICARDO

Rebosante de sangre de emperadores adversos, y de vino de las vides de Chipre. Inerme acudiré. Rendiros he mi espada.

(Aquí desceñíase la espada del tahalí, la cual era recibida por Lucrecia, que besaba su pomo.)

LUCRECIA