—Sí, temo que sea la verdad, y para un hombre que tendrá que marcharse otra vez a América, ese es un temor grave.
—¡Marcharse! ¿Se va usted a marchar?—murmuró Maintoni con voz triste.
—Sí.
—¿Pero por qué?
—¡Oh! A usted no se lo puedo decir.
—¿Y si yo lo adivinara?
—Entonces lo sentiría mucho, porque se burlaría usted de mí, que soy viejo...
—¡Oh, no!
—Que soy pobre.
—No importa.