El gobernador mandó un parte al Gobierno elogiando el servicio prestado por Aviraneta, y al día siguiente los tres jefes de los tercios de Aranda volvían a esta villa.


V.
HOSTILIDAD POPULAR

Todo Aranda se enteró bien pronto de lo que habían hecho Aviraneta y sus amigos; los liberales y milicianos alabaron al Tirano, y los absolutistas consideraron que había cometido una violencia y hasta un sacrilegio al prender al Cura Merino.

El charlatán del pueblo, voceador de los absolutistas, la Gaceta, añadió al suceso detalles de su invención para pintar más odiosos a Aviraneta y a Diamante.

Se habló de nuevo del despotismo y de la intransigencia de los liberales, y don Juan Caspe, latinista e historiador, amigo del señor Sorihuela, disparó a Aviraneta una carta impresa, con este título:

«Epístola a un Avioncete tirano

(pajecillo masónico de Marte).»

La carta estaba fechada en la Caverna de Abi-Hiram, año primero de la Libertad de Disparatar, y tenía como lema esta frase en latín: