Crocodilus, invictum alioquin et perniciosum animal, tamen Tentyritas adeo metuit, ut at voces etiam expavescat: ita tyranni cum omnes contemnant, tamen Eruditorum litteras timen (Ex Erasmi Paraboli).

El cocodrilo, animal por otra parte invencible y pernicioso, teme tanto a los Tentiritas, que sólo al oír sus voces se llena de pavor; no de otra suerte los tiranos: aunque a todos desprecian, temen, sin embargo, las cartas de los eruditos.

(De las parábolas de Erasmo.)

En su carta, el clérigo derrochaba erudición, pedantería y gracia zumbona, de esa que siempre ha tenido la gente sacristanesca.

La Gaceta llevó la carta dedicada al Avioncete tirano por todas partes; la gente se rió de los chistes de don Juan Caspe, y Aviraneta, deseando vengarse, contestó imprimiendo otro escrito, que no tenía la erudición ni la gracia de la del cura, pero sí mayor precisión y brutalidad. Se titulaba:

«Epístola al clérigo Caspa

(licenciado en Baco y en Sodoma).»

La carta estaba dirigida desde la Caverna de Abi-Hiram a la taberna de la Cochambre, año primero de los Malos Usos y Costumbres.

El escrito de Aviraneta indignó a la mayoría de la gente.

—Eso es una grosería, un disparate—dijeron las personas de orden, y todos echaron la culpa a Aviraneta, sin indicar que la provocación había partido del cura.