La réplica quitó las ganas al clérigo de seguir satirizando a don Eugenio.

El fiel de fechos Santa Olalla hizo una denuncia en el Juzgado por aquel papel infamatorio; pero la denuncia no progresó. Aviraneta continuó su vida ordinaria.

Pasaba la mañana en el despacho, y después marchaba a su casa, para la que había traído una buena colección de libros. Luego comía con su madre, trabajaba de nuevo, daba por las tardes un paseo en la Acera, visitaba la confitería de doña Manolita y la relojería del suizo, y por las noches, después de cenar, iba de tertulia a casa del juez, donde hablaba y bromeaba con Rosalía y Teresita.

Los domingos, al amanecer, solía ir a cazar con el Lebrel, y volvía para la hora de comer.


VI.
LA VID

A principio de invierno Aviraneta recibió orden del Ministerio de Hacienda para que pasara al próximo convento de La Vid a hacer el inventario de las propiedades monacales.

La Vid es una aldea o barriada formada principalmente por una manzana de casas unida al antiguo monasterio de Premonstratenses instalado en las márgenes del Duero.

La Orden francesa de los Premonstratenses, fundada por San Norberto, en Premontre, cerca de Laon, en la isla de Francia, tenía varias casas en España, entre ellas la de Santa Cruz de Rivas, en Palencia; Aguilar de Campóo, La Vid, y alguna otra en Cataluña.