—Al fuego. Siga usted, licenciado.

Confirmación de una concordia sobre la división de los términos de Vadocondes y Guma, hecha «en el anno que don Odoart ffijo primero e heredero del Rey Henrric de Inglaterra rrecibio cavalleria en Burgos. Estuvieron presentes en la confirmacion don Aboabdille Abenazar Rey de Granada, don Mahomat Aben-Mahomat Rey de Murcia, don Abenanfort Rey de Niebla, y otros vasallos del Rey».

—¿Tenemos moros en la costa? Bueno; eso también hay que dejarlo.

—Un censo al Concejo y vecinos de Cruña de la granja de Brazacosta, mediante el canon de doscientas fanegas de pan terciado por la medida toledana «e un yantar de pan e vino e carne e pescado, e cebada para las bestias que traire el dicho Abad con los frayles que con él viniesen».

—Siempre comiendo esa gente—dijo Aviraneta.

—Otro censo—leyó Diamante—a los vasallos de la granja llamada de Guma, con la condición de morar en ella, pagar cien fanegas de pan terciado, doscientos maravedises juntamente con los diezmos, ochenta maravedises de martiniega y una pitanza al abad y monjes.

—Bueno, bueno; basta ya—exclamó Aviraneta—; nos vamos a empachar. Todo lo que esté manuscrito dejarlo, y lo que esté impreso, ya sea un libro sencillo de oraciones o de Teología, puede servir para calentarnos.

Así se hizo, y montones de papel llenaban el hogar de la chimenea todas las noches.