Este escudo era del cardenal don Iñigo López de Mendoza, arzobispo de Burgos y abad comendador del convento de Premonstratenses de La Vid.

En el silencio se oían las ratas, que corrían por los armarios royendo las maderas y los pergaminos.

—Hablemos, contemos algo—dijo Aviraneta.

—¡Qué vamos a contar!—murmuró Diamante.

—Contemos la mejor y peor Nochebuena que hemos pasado cada uno en la vida.

—Pues empiece usted—dijo Diamante.

Aviraneta contó su mejor Nochebuena en Irún, de joven, y la peor, guarecido en una cueva del Urbión, en la época en que estaba en la partida de Merino.

Diamante no recordaba ni las noches buenas ni las noches malas que había pasado.

El Lobo dijo:

—Yo recuerdo una Nochebuena, en tiempo de la guerra de la Independencia, que todavía al pensar en ella se me ponen los pelos de punta.