«Estimado Aviraneta: Sé que hay varios hombres bien portados y montados de noche y de día en los alrededores de La Vid que le esperan a usted para matarle. Uno de ellos parece que es el Cura Merino; el otro, el cura de Valdanzo. Los demás son dos o tres absolutistas de Vadocondes y algunos colonos de La Vid. No salga usted solo, sobre todo de noche.—González de Navas».

—¿Va usted a volver a Arauzo?—preguntó Aviraneta al propio.

—Sí, pero no tengo prisa.

—Entonces, quédese usted aquí. Estará usted más seguro.

—¿Por qué?

—Porque hay gente acechando en el campo y le pueden confundir a usted con uno de nosotros.

—Entonces, me quedo.


IX.
SAN MARTÍN CON SU CAPA