—Es que para mí no hay mas que esas dos soluciones.

—¿Y ha preguntado usted a Rosalía?

—No; ni pienso preguntarle nada. Rosalía hará lo que sus padres manden.

Aviraneta quedó callado, mirando al suelo; quería encontrar una solución para resolver el conflicto, pero no daba con ella.

—¿Y en el caso de que Rosalía quisiese, no le parecería a usted bien, por ejemplo, que su hija y yo viviésemos en Francia, en un pueblo de la frontera, donde yo tengo familia?

—No, no.

—Así a ella no le podía ocurrir nada.

—A ella, no; pero a usted, sí. Vivir en el extranjero, con el marido perseguido, quizá preso, ¡bonita situación!

Doña Nona salía inmediatamente al quite. Aviraneta hubiese dado cualquier cosa por una idea mediana; pero no se le ocurría nada.

—Ya se lo he dicho a usted—terminó diciendo doña Nona—; no hay más solución que una de las dos. Le doy esta noche para decidirse.