Los Manzanares reclamaron después al convento las sumas robadas; pero los trapenses de Santa Susana, donde estaba fray Antonio, contestaron que el rey les había hecho donación de todo el botín llevado por su compañero, y que, a pesar de su voto de pobreza, lo guardaban para mayor gloria de Dios.

El sino de la familia Manzanares fué triste. El padre de Salvador, que pasaba su vejez en Escoriaza, en Guipúzcoa, fué hecho prisionero y fusilado en 1836 por el general carlista Villarreal.

Se le atribuía el ser masón y el haber escrito un Credo y una Salve liberales. Esto fué motivo bastante para fusilar a un viejo de ochenta y dos años, demostrando lo verdaderamente digna de admiración que es la piedad de los defensores de la Iglesia, nuestra madre.


II.
EN LERMA

Tardó bastante en organizarse la división del Empecinado, con la que se pensaba batir a los soldados de la Fe, capitaneados por Merino.

Se habían reunido a los batallones de Ossorio y Suero, y a algunas partidas de nacionales, el regimiento de Jaén y los de caballería de Calatrava y Lusitania; pero las compañías de los batallones estaban incompletas y algunas en cuadro. El Gobierno no tenía medios: la situación iba haciéndose apurada. Merino se paseaba impunemente por donde quería, sin que se le pudiera batir.

Aviraneta explicó al Empecinado los datos que tenía acerca de la insurrección feota y los medios y recursos con que contaba.

Esta era completamente clerical, engendrada en los obispados y arzobispados, y tenía sus focos en las sacristías de los pueblos. Mientras el Gobierno no obrara con energía contra el clero faccioso, Aviraneta pensaba que sería muy difícil dominar la situación.