III.
EN CAMPAÑA
A la media noche del 29 al 30 de abril salía la columna del Empecinado para Covarrubias, precedida de la patrulla exploradora de Aviraneta.
Allí se averiguó que el 30 había pasado Merino con su gente por Acinas y Santo Domingo de Silos. Se avanzó hasta Silos y, siguiendo la pista del Cura, el Empecinado llegó a Hontoria del Pinar el 1.º de mayo.
En Hontoria un vecino liberal dijo que los facciosos, en número de unos seiscientos hombres, acababan de salir del pueblo hacía unas ocho o diez horas. Sin descansar, el Empecinado ordenó que la columna se pusiera en movimiento. Pasaron por Navas y por Huerta, y al llegar a Arauzo de Miel, Aviraneta, con su vanguardia exploradora, pudo alcanzar a la retaguardia de Merino y acuchillarla, hasta hacer huír a los facciosos precipitadamente hacia el monte.
Era la táctica de Aviraneta no dejar descansar al enemigo, y aquella misma tarde se volvió a alcanzarlo en Peña Tejada, en una altura de casi imposible acceso, ocupada por tiradores que hicieron un fuego vivísimo al divisar la columna liberal.
No quería el Empecinado retroceder y fué colocando en guerrilla sus tropas. Pasaron una hora respondiendo al fuego hasta que comenzó a obscurecer. Ya obscuro, Aviraneta, que conocía muy bien los caminos, con cincuenta hombres, entre los que iba Salvador Manzanares, hizo que rodearan el alto donde se encontraban los facciosos. Se les desalojó de allí, se les persiguió en la obscuridad, y a media noche los liberales retornaron a Pinilla de Trasmontes, donde se había establecido el cuartel general.
Salvador y Aviraneta volvieron cantando romanzas francesas y españolas.
La noche estaba espléndida, y de las hierbas del monte se levantaba un olor acre y perfumado...
El día 3 de mayo, a las cinco de la tarde, estaban Aviraneta y el Empecinado a una legua del pueblo, en compañía de los ordenanzas, cuando se vió a pequeña distancia la columna facciosa, que marchaba a paso redoblado y se desplegaba acercándose a ellos en un movimiento envolvente.
—¡Sálvese usted, mi general!—gritó Aviraneta al Empecinado—. Nosotros nos defenderemos un momento.