Merino les intimó la rendición; pero el oficial, que sabía los procedimientos del Cura, no quiso rendirse hasta que, viéndose sin municiones, se entregó.

Merino los fusiló y descuartizó a todos y mandó enterrar sus despojos a orillas del Arlanza.

El Empecinado se indignó al saberlo y ordenó a Salvador Manzanares y a Aviraneta que redactaran una comunicación enérgica amenazando con las represalias.

Esta comunicación, firmada en el Campo de Fontioso, se mandó imprimir y fijar en los Ayuntamientos y en las esquinas de las casas de los pueblos de la Sierra. Se titulaba:

«Carta de don Juan Martín, el Empecinado, al Cura Merino, con motivo de la horrenda crueldad que ha usado con los soldados de Cataluña».


IV.
MERINO SE OCULTA

Al día siguiente de fijar este bando comenzó la persecución de Merino con las dos columnas combinadas.

El 30 de mayo el Empecinado y Aviraneta salieron de Lerma y recorrieron el monte de Villoviado. Se hicieron indagaciones sin éxito y se pasó a Arlanza.