LIBRO QUINTO
ENTRE ARANDA Y MADRID

I.
ROSALÍA Y TERESA

Después de esta campaña contra Merino, Aviraneta dejó el ejército y volvió a Aranda de Duero a seguir con sus cargos de regidor, de subteniente y de comisionado del Crédito Público.

Era la primavera de 1821.

Don Eugenio llegó muy de mañana a Aranda y se presentó en casa de su madre, que, como de costumbre, se había levantado temprano y se preparaba a ir a la iglesia.

La madre de Aviraneta seguía con su vieja Joshepa Antoni, sin enterarse gran cosa de lo que ocurría en el pueblo. Siempre con su cofia blanca en la cabeza y siempre haciendo calceta; para ella, el tiempo estaba ocupado principalmente por los pares de medias hechos.

El ama y la criada llevaban la misma vida en Madrid, en Irún o en Aranda; conversaban de lo que podía ocurrir en su pueblo y se preocupaban poco de lo demás.

Esta limitación voluntaria le producía a Aviraneta gran asombro.