Dejando a Teresita, Aviraneta se fué al Ayuntamiento. Frutos San Juan no apareció por allá. Después de comer, Aviraneta se marchó a la Casa de la Muerta y recibió a sus amigos.

Unos días más tarde estaba charlando con Diamante cuando se presentó a verle una muchacha muy bonita.

Esta muchacha quería hablar a solas con Aviraneta.

Aviraneta la conocía de verla en la plaza. Se decía de ella que andaba en malos pasos, y que era algo más que novia de Frutos San Juan. Don Eugenio supuso que vendría a quejarse de algo referente a su amante.

—¿Vienes a hablar de Frutos?—la dijo.

—Sí.

—Puedes hablar delante de Diamante. Es un amigo.

La muchacha contó que Frutos la había seducido y abandonado después. La voz pública había comenzado a tacharle a ella de ser la querida de Frutos, y su padre, un hombre severo, le había dicho varias veces que si lo que se murmuraba resultaba cierto la echaría de casa.

Ella veía que de un momento a otro se iba a averiguar la verdad, y, buscando una solución, había pensado en ir en solicitud de ayuda y de consejo a casa de Aviraneta. ¿Por qué a casa de Aviraneta y no a otra?

No lo sabía.