Se celebró la humorada del abate, y cuando concluyó de hablar Mac-Crohon, Aviraneta paseó la mirada por el grupo del café como preguntando por qué le llamaban.

Romero Alpuente tomó la palabra y explicó el motivo de la llamada.

Romero Alpuente, que se las echaba de Robespierre, era un viejo ridículo, alto, seco, con la cara arrugada y una estúpida sonrisa.

El ciudadano Romero Alpuente usaba patillas cortas, gorro negro y anteojos de hierro; hablaba de una manera pesada, pedantesca y monótona. Se creía un hombre genial. Sus argumentaciones de patán mixto de leguleyo asombraban a sí mismo.

Al parecer, de Italia, pasando primero por Francia—explicó Romero Alpuente—, había llegado a España una nueva sociedad secreta llamada de los Carbonari. Esta sociedad tenía menos ritos que la masónica y era esencialmente política. Su objeto era limpiar el bosque de lobos o, dicho en lenguaje más claro, acabar con los tiranos. El carbonarismo comenzaba a avanzar en España; pero la masonería, recelosa de sus progresos, había acordado exigir a los masones juramento de no formar parte de otra sociedad secreta.

Entonces, unos cuantos, encontrando en el carbonarismo un principio de acción más útil y más práctico que en la masonería con sus misterios ridículos, y al mismo tiempo, viendo que su simbolismo de ventas, barracas y florestas no respondía a nada, al menos en España, habían pensado en aceptar un pensamiento de don Bartolomé José Gallardo y formar una sociedad titulada los Comuneros, en donde el simbolismo fuera más español y caballeresco.

En la proyectada sociedad todo tendría aire guerrero. Las logias y puntos de reunión se llamarían, según su importancia, casas fuertes, torres, fortalezas, etc.

Después de oír la explicación del proyecto, Aviraneta, con bastante frialdad, dijo que no le parecía mal, y añadió que, para él, las palabras y las fórmulas simbólicas no tenían valor.

—¿Quiénes son los que van a afiliarse?—preguntó Aviraneta.

—Por ahora—contestó Mejía—está Torrijos, Palarea, Ballesteros, Díaz del Moral, Moreno Guerra, el Empecinado, todos nosotros, Regato...