—Lástima. Porque tú tienes madera de político.
—¿Tú crees?
—Sí. ¿Sabes tú lo que debías hacer?
—¿Qué?
—Esperar. Orientarte, ver qué marcha lleva esto sin significarte demasiado. Al mismo tiempo estudiar, dominar una especialidad, irte preparando.
—Me parece que sería tiempo perdido. Yo creo que no sirvo mas que para una cosa.
—¿Para qué?
—Para mandar.
—¡Tiene gracia! ¡Es posible que hubieras sido un gran ministro de un tirano, o un secretario de Estado del Papa!
—Sí; creo que sí.