Aviraneta estrechó la mano de su tío y salió mal impresionado.

El médico le dijo que, efectivamente, Etchepare tenía ya para poco tiempo.


II.
LOS ABSOLUTISTAS DE BAYONA

Al llegar a Bayona, Aviraneta marchó a la fonda de Francia con la Sole, y desde allí comenzó sus gestiones para averiguar lo que ocurría. La Soledad quería saber cuál era la misión de Aviraneta, y don Eugenio se la explicó, y en vista de que ella quería colaborar en sus intrigas, Aviraneta le envió a varias tiendas donde se hablaba castellano a que se enterase de lo que se decía. Por la noche, don Eugenio se encerró en su cuarto y escribió al ministro:

«Amigo S.: Comienzo mis indagaciones en Bayona. Los absolutistas españoles, instalados aquí, trabajan mucho; pero como buenos españoles, se hallan divididos; los más ilustrados y transigentes siguen a Mozo de Rosales (Mataflorida), y los más clericales, los más puros, como se llaman ellos, van con don Francisco de Eguía.

La Junta Realista, dirigida por Mataflorida y subvencionada por Luis XVIII, hace ya mucho tiempo que funciona aquí.

Con Mataflorida están Eroles, Podio, Queral, Martín Balmaseda, y otros; con Eguía, el arzobispo de Tarragona, el obispo de Urgel, don Juan Bautista Erro, don Antonio Calderón...

El partido de Mataflorida es más culto, razón para que no tenga simpatías. Se le acusa a Eroles de estar en relaciones con los constitucionales, como Toreno y Martínez de la Rosa. Mataflorida, que es el hombre intrigante y activo de siempre, no descansa; según parece, trabaja mucho.