El cordón sanitario y los lazaretos establecidos en los Pirineos Orientales con el pretexto de la fiebre amarilla sirvieron de medios de comunicación entre los absolutistas españoles y el ejército francés.

Ahora, últimamente, se dice que se han enviado nuevas remesas de dinero, y que dentro de unos días Quesada y el Trapense entrarán en España.

Los rumores de guerra con Francia corren constantemente.

Ha habido día en que se han levantando los puentes levadizos y en que la guarnición de Bayona ha pasado la noche sobre las armas.

Se dice que se están enganchando los realistas y que los cónsules les dan pasaportes para entrar en España. Se asegura también que preparan un desembarco en la punta de Socoa, en San Juan de Luz.

La cuestión de los cónsules debía preocupar al Gobierno español; el de Bayona es, en política, un pastelero; el de Burdeos, un tal don Isidoro Montenegro, es uno de los agentes absolutistas más caracterizados.

Los encargados de defender al país son los que lo venden. ¡Qué vergüenza! ¡Qué prueba de incapacidad la nuestra!

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