—Mi tío, el señor Etchepare—dijo Aviraneta—, me manda con este encargo para usted.

—¡Ah! ¿Es usted sobrino del señor Etchepare?—preguntó ella dando muestras de gran sorpresa.

—Sí, señora.

—¿Vascofrancés?

—No, señora; soy español.

—Un momento.

La señora se acercó a un costurero, sacó unas tijeras y abrió el paquetito de Etchepare. Aviraneta, que estaba lleno de curiosidad, vió que encerraba unos papeles y una miniatura.

La dama se quedó contemplándolos absorta.

—No comprendo por qué me manda esto el tío de usted—dijo la señora con voz temblona—. ¿Le pasa algo? ¿Es que está enfermo?

—Sí, muy enfermo.