En las consultas de Balmaseda con los políticos no ha habido unanimidad; los moderados Villele, Montmorency y Chateaubriand se inclinan a que España tenga una Carta al estilo de Francia. Consideran que si Toreno, Morillo y Martínez de la Rosa ceden en su entusiasmo por las doctrinas liberales, estarán en el fiel de la balanza.
Si existen en España organizados los Anilleros, quizá se intente una reacción en este sentido para traer la Carta con dos cámaras; pero creo que los partidarios de esas ideas se han de encontrar chasqueados, porque la avalancha absolutista los ha de tragar a todos. La gente clerical odia lo mismo, o quizá más, al liberal moderado que al más rabioso.
Ugarte anda por París intrigando; tiene por aquí centros absolutistas franceses, a donde concurre, y está en correspondencia en Madrid, con Miñano, Corpas y con amigos de Martínez de la Rosa.
No sé qué contubernio afrancesado, apostólico, moderado, preparan. Los absolutistas franceses trabajan con un gran entusiasmo por la causa clerical española. La Sociedad de Beneficencia de los Conservadores de la Legitimidad, sociedad jesuítica que tiene una policía muy bien montada, organiza los Dragones Ligeros del Ejército de la Fe.
Muchos aristócratas realistas y vendeanos se preparan para entrar en España.
Esta sociedad de Beneficencia legitimista, ayudada por el partido del pabellón Marsan, hace una terrible campaña contra nosotros. Los periódicos absolutistas subvencionados por el Gobierno, como la Bandera Blanca, elogian a los guerrilleros feotas, y la Foudre, otro periódico clerical, pagado por el Ministerio y escrito por saineteros, pintaba hace días al Trapense vestido de fraile, sobre una escalera y con un látigo en la mano, subiendo la muralla de la Seo de Urgel y haciendo huír a los liberales.
La mayoría de la gente de posición es hostil a los españoles. Creen que de un día a otro vamos a colgar al rey y a su familia. ¡Ojalá!
Cierto que los doctrinarios liberales no quieren hablar de guerra, y los que se llaman independientes, como Foy, Manuel, Lafayette, luchan contra ella; pero no podrán evitarla.
Por ahora, lo más importante me parece explorar el ánimo de los militares. A esto me voy a dedicar durante unos días.
Ayer comencé mi campaña. Hay en mi hotel un judío francés, Ben Assag, que tiene un almacén de vinos en Bayona, en el barrio de Saint-Esprit.