Este contraste de la extrema miseria con el extremo lujo explicaba aquella floración de romanticismo enfermizo de la época. Todavía hace años en París existía un recuerdo mitigado de este romanticismo con el nombre de bohemia.
Poco a poco, al desaparecer los contrastes, se ha ido perdiendo ese sentimiento. El aire, la luz y los árboles han acabado con el romanticismo allí y en todas partes.
Por entonces, muchos de los españoles que vivían en París eran realistas que esperaban a que se movilizara el Ejército de la Fe para entrar en España.
Aviraneta se reunió con algunos de ellos. Iban al café Ambroisie del bulevar Montmartre, y algunos solían comer en un restaurante de la calle de Petits Champs.
Estos militares realistas no sabían nada de cierto de cuanto pasaba en España; creían que Madrid estaba ardiendo en clubs, y, además de las dos sociedades de masones y comuneros, suponían que había otras muchas: la Joven España, el Centro Universal, la Santa Hermandad, la de los Carbonarios, la de los Europeos Reformados.
Aviraneta oyó decir que los asesinos del cura Vinuesa habían formado la Orden de los Caballeros del Martillo, y que estos ciudadanos tenían por insignia un pequeño martillo de oro pendiente de una cinta, y que se presentaban con ella por todas partes.
Las cosas que se ignoraban en Madrid se sabían en París. Claro que todo era invención fantástica.
Al séptimo día de estancia en París, Aviraneta, que se había citado con Gaspar Colombi en el café Foy, se encontró con él. Colombi era un milanés dedicado a negocios de relojería y afiliado a los Carbonarios. Aviraneta le explicó con detalles la misión que tenía del Gobierno, y Colombi le llevó a casa de otro lombardo, llamado Cobianchi, antiguo ayudante del general Pepé, y uno de los Buon cugino de la Venta Carbonaria de París.
Cobianchi vivía en este momento en el Faubourg-Poissoniere, y para despistar a la policía se hacía llamar conde de Clermont. Por lo que dijo Cobianchi, Pepé le escribía asiduamente bajo el nombre de Bucelli.
Colombi explicó a Cobianchi la misión que tenía Aviraneta, y el ayudante de Pepé dijo que hablaría a los Buenos-Primos de la Venta Carbonaria de París para que le facilitaran todos los datos necesarios.