En la calle, los carbonarios se saludan unos a otros llevando la mano a la frente, a la manera militar; luego se cruzan las manos sobre la espalda y se quedan en esta actitud hasta que la persona a la cual se dirige uno tiende también la mano derecha; entonces se aprieta fuertemente la mano y después el antebrazo.

Los italianos se reconocen diciendo al dar la mano:

—Fe, Esperanza y Ca... ri... dad...

La palabra Caridad la dicen recortándola, y en la palma de la mano de quien saludan trazan con el pulgar una C y una N.

Los carbonarios nunca escriben nada; se comunican de viva voz y se reconocen por monedas partidas o por tarjetas cortadas de una manera irregular.

Al militar que va a un pueblo de guarnición se le da un trozo de moneda y a la Venta del pueblo se envía otro.

Una vez constituída la sociedad carbonaria, arraigó rapidísimamente. En seguida se extendió por los cuarteles y por las escuelas.

Bazard trabajó en París y consiguió que, más o menos claramente, se afiliaran los generales Lafayette, Lamarque, el diputado Manuel, Dupont de l'Eure, el general Thiars. Se comenzaron a pasar revistas por la noche, y los afiliados hacían el ejercicio en los desvanes, cubiertos de paja.

Mientras Bazard trabajaba en París, Flotard estaba en el Oeste, Dugied en Borgoña, Joubert en Alsacia y los demás repartidos por Francia.

Al año consiguieron cubrir Francia de ventas. La primera conspiración carbonaria se fraguó entre los alumnos de Saumur, y tenía que estallar el 22 de diciembre de 1821. Fracasó, y pocos días después, el 1.º de enero de 1822, abortaba el complot de Belfort.