Al mismo tiempo que el complot de Belfort se preparaba una segunda conspiración en Saumur, con fuerzas mandadas por el general Berton y por el teniente de artillería Delon. Al saber el fracaso de Belfort se pensó en abandonar el proyecto; pero Berton, como hombre decidido y terco, no quiso cejar. Decidió comenzar el movimiento en Thonars, y fué allí el 22 de febrero de este año vestido de general, montó a caballo, enarboló la bandera tricolor y, seguido de algunos cientos de guardias nacionales, intentó entrar en Saumur.
La tropa le salió al encuentro, y Berton tuvo que dar la orden de retirarse a su columna. Todos los cómplices desaparecieron; Berton no quiso hacerlo y, descubierto, ha sido preso y será guillotinado.
Por esta misma época se encontraron tarjetas cortadas y otros papeles comprometedores a los cuatro sargentos de la Rochela. En su proceso se demostró que estaban afiliados al carbonarismo.
Estos fracasos de Belfort y Saumur tienen mucha importancia para nosotros, porque nos privan de fuerzas que podían venir en nuestro auxilio. Muchos militares están en la cárcel. Ahora mismo se está celebrando el juicio contra el general Berton y la conspiración de Saumur, y el fiscal acusa a los liberales, a Manuel, a Foy y a otros de pertenecer a sociedades secretas. Se intenta amedrentarlos.
Dentro de unos días se va a guillotinar a los cuatro sargentos de la Rochela. Los carbonarios dicen que los salvarán, que tendrán doscientos mil hombres en las calles de París. Ya veremos.
A.»
VIII.
LA AYUDA EXTRANJERA
Al día siguiente de escribir esta carta, Aviraneta, acompañado de uno de los hermanos Bonaldi, fué a casa de un fondista llamado Rossel, de la calle de Rivoli. En esta fonda había vivido, durante algún tiempo, uno de los jefes carbonarios, Flotard, y seguía viviendo todavía un amigo suyo, estudiante de Medicina.