—Por último—exclamó Pastor—, tengo una noticia importantísima.

—¿Y es?

—Que los liberales franceses van a enviar a Benjamín Constant a España.

De la charlatanería del miniaturista, Aviraneta quedó convencido de que no sabía nada, probablemente porque no había tampoco nada preparado.


IX.
LA SOLEDAD

La situación entre la Sole y Aviraneta iba haciéndose cada día más extraña. Aviraneta se entendía bien con ella; pero su vida era tan agitada y movida, que no tenía apenas tiempo de hablarla.

La Sole, por su parte, era muy mimosa, y necesitaba que alguien se ocupara constantemente de ella.

Don Eugenio defraudaba sus esperanzas; la dejaba sola durante largo tiempo; si ella le hablaba, él sonreía distraídamente, siempre pensando en sus enredos políticos.