Al saberlo se hizo una suscripción, que encabezó Lafayette; se reunieron los sesenta mil francos, y en el momento mismo en que los agentes carbonarios entregaban el dinero al vigilante de la cárcel fueron sorprendidos por la policía.
Entonces el Comité director decidió salvar a los sargentos a viva fuerza cuando los llevaran al patíbulo.
El jefe de la intentona debía ser el barón de Fabvier. Aviraneta fué invitado a marchar en el grupo con el barón.
Era Fabvier hombre de mediana estatura, fuerte, ágil, atrevido y rápido; iba afeitado completamente; tenía la cara redonda y muy expresiva y parecía un actor.
Era Fabvier uno de los aventureros románticos de la época; había sido en Ispahan el amigo del shá de Persia y el instructor de sus tropas: había peleado en España a las órdenes de Marmont; conspiró en Francia contra los Borbones, y se distinguió después en la lucha de la independencia de Grecia.
Se citaron los carbonarios por la mañana, delante del reloj de la Conserjería. Habían sido trasladados a esta cárcel los cuatro sargentos. Se decía que conservaban la serenidad y que estaban convencidos de que el pueblo los salvaría.
Aviraneta se presentó armado con dos pistolas y un bastón de estoque a la hora de la cita, y formó en el Estado Mayor de Fabvier.
Algunos grupos de carbonarios se veían en medio de la bruma y se distinguían por sus pañuelos rojos anudados al cuello.
Al amanecer salió la carreta del muelle del reloj, y, atravesando el río, tomó la dirección hacia la plaza de la Greve, seguida de una enorme masa compacta.
El tiempo estaba brumoso y obscuro; las tiendas, cerradas.