Entre los absolutistas extranjeros, el más célebre de todos, el conde de España, se distinguió por sus extravagancias y por sus crueldades en Barcelona.
A pesar de la fama bárbara y fanática del español, no deja de ser extraño que el hombre más representativo del terrorismo clerical fuera un francés, el conde de España.
Ni Fernando VII, ni Calomarde, ni Chaperon llegaron en sus extremos a la barbarie del conde francés.
El conde de España era un terrorista de la raza de los Carrier y de los Fouquier-Thinville.
Parecido a éstos en sus instintos, se diferenciaba de ellos en que tenía una ideología tradicionalista y clerical. El conde de España era un francés que se llamaba Carlos Espagne, hijo de un marqués titulado d'Espagne, según unos; d'Espagnac, según otros, y d'Espignac, según algunos.
Fernando VII, en su decreto, al hacerle conde, decía que España era descendiente de los señores de Cominges y de Foix.
Alguien en esta época quiso enterarse y averiguó que España era un bastardo, y que su verdadero nombre era Domingo Busaraca. Busaraca había escapado de Francia más que por odio a la Revolución Francesa por ser hijo natural no reconocido.
España fué durante la Independencia un general valiente y experto; pero luego se manifestó como un perturbado. Sus crueldades de Barcelona hicieron época. La muerte suya, cosido a puñaladas y tirado a un río, fué terrible.
Otro extranjero, francés, que dejó un rastro de pasión y de inconsciencia en España, fué Jorge Bessieres, que murió fusilado por su paisano el conde de España en Molina de Aragón.
La historia de Bessieres era curiosa. En 1809, el guerrillero catalán don José Manso supo que las tropas francesas de Barcelona forrajeaban en las cercanías de Hospitalet con una escolta de treinta a cuarenta caballos e igual número de infantes. Manso, al frente de su partida, se colocó en sitio estratégico, cortó la retirada a los franceses, hizo treinta y cuatro prisioneros y se apoderó de treinta y seis caballos. Cogió, además, un furgón con sus mulas y dos caballos del general Duhesme. El furgón iba guiado por un cochero llamado Jorge Bessieres.